23 jul 2013

¡Importante!


¡Pues sí, queridas, noticia importante!

Va a haber una nueva novela.


Es con Justin Bieber y presiento que les va a gustar bastante. Es diferente. Además, me he dado cuenta de que cuando empecé a hacer esta novela era bastante inesperta en todo esto pero hacerla me ha ayudado a mejorar. No voy a subir la nueva novela aquí no sé si sabrán lo que es pero voy a subirla en Univisión cuando ya la tenga con bastantes capítulos para no dejar colgadas a las lectoras (como me pasó en esta, lo siento). Ya tengo escritos como doce capítulos pero son bastante larguitos así que va bien. Es un tema que me gusta y la inspiración aparece con cada cosa que veo. Un montón de ideas me vienen a la cabeza de repente y siempre tengo que tener el móvil en la mano para que no se me olvide lo que tengo pensado. De todas formas, si me quieren preguntar algo, por alguna esquinita de ahí está el Tuenti de la novela y aquí mi twitter (@paula22_22)
Todavía no subiré la novela en ningún sitio y avisaré cuando lo haga, también avisaré por twitter cuándo subí capi y esas cosas. De todas formas aquí subiré la introducción para que se desesperen jajaja
Las quiero mucho y lo siento por tardar en subir. Son estupendas :')





.Introducción.


-No me lo puedo creer, mamá.- Chasqueé la lengua.- Aún no sé por qué te sigo llamando mamá.

Me crucé de brazos y la miré.

-Porque lo soy. ______, esto es un trabajo sumamente importante.

-¡Sí, claro! ¡Vender a tu hija a otro hombre es muy importante!

-¡Hará a tu padre más conocido en la empresa!

-¡¿Y vendes a tu hija a un desconocido solo porque es el hijo de su jefe?! Mamá, no soy una puta.

-¡Ese vocabulario, ______!

-¡Es en lo que me has convertido! No pienso acercarme a ese... a eso.

Mamá me miró desesperada y se colocó la mano en la frente. Frustrada. Como yo.

-Ya hemos hablado de este tema. Jason es un buen chico para ti, viene de una familia muy bien educada y muy rica y...

-¡Y eso es lo único que te importa! ¡Claro, pero es que a ti no te importa que ese tío cambie de novia más que de pantalones!

-______, te podrá mantener y cuidará de ti muy bien.

-Sí, desde la habitación de alguna zorra.

-¡______!

-Estoy harta de que tengas que decidir por mí todo, ¡no quiero a ese hombre y no quiero a ninguno!

-¡Ese es el problema! Necesitas a alguien que te cuide como es debido.

-¡Jason no lo hará!

-¡Pero tiene los medios para hacerlo!

No necesitaba la misma discusión de siempre. Una semana. Una semana y por fin sería libre. Por fin dieciocho. Me senté en mi cama y miré a mi madre como si me quemara la vista.

-Ma, vete. Necesito estar sola.

La cabeza me explotaría en cualquier momento y no me gustaría manchar a mi madre con mi sangre. Y a ella le gustaría menos.

-¡Siempre estás sola!

-¡Porque quiero estarlo! Tranquila, que dentro de poco no me verás más.

Mamá resopló y salió de la habitación dando un portazo. Me recosté en la cama y coloqué mis manos alrededor de mi frente. Suspiré. Pronto me mudaría y dejaría todo esto atrás.

-¿Puedo entrar, niña?

La voz dulce de Marie me alegró instantáneamente los oídos, me senté en la cama.

-Claro, Marie.

Abrió la puerta con una sonrisa compadecida y se sentó a mi lado en la cama.

-Siento que tengas que pasar por esto. Ya sabes que tu padre necesita ese pequeño empujoncito para salir adelante en la empresa.

-Lo sé, pero... Bfff, me estresan. No quiero a Jason. Es idiota.

Marie sonrió. Su mano acarició mi pelo revuelto.
Es increíble como esta persona podía entenderme mejor que nadie.

-Lo sé, niña. Pero falta poco para que tomes tus propias decisiones.

Mi cara se iluminó al instante.

-Siete días, Marie.

-Sí, niña, siete días.




Y para que se mueran más por Dani, aquí les dejo unas cuantas fotos suyas (En realidad el chico se llama David Jason Rodríguez.)


Capítulo 37


[Él está aquí para protegerme.]


Hacía una semana que me habían dado el alta en el hospital. Aún no recuerdo nada de lo que pasó antes del accidente ni tampoco he presionado a Dani para que me contara nada. Se nota a kilómetros de distancia que no quiere hablar de eso, se le pierde la mirada si alguien saca el tema. Por eso le he dado tiempo, aparte de que saber la verdad me atormenta un poco.

En estos dos días Dani me ha tratado como si en cualquier momento me fuera a romper. Ha sido muy cariñoso conmigo y noto que cada vez amo más cada parte de él que antes ignoraba. Lo valoro más ahora. He notado que ahora que sabe lo que siento por él está más alegre a mi lado y me protege más, es un gran cambio el que sepa mis sentimientos, tanto para él como para mí.
De vez en cuando se queda mirándome y pensando, antes también lo hacía, pero no me daba cuenta o no le daba importancia, ahora me encanta que lo haga. A veces le aguanto la mirada esmeralda a ver quién desiste antes.
Me pierdo en esos ojos penetrantes, que me miran con admiración, amor, deseo y me hacen ver las estrellas. Me hace imaginar una vida junto a él.
Siempre pierdo yo en ese juego. No resisto al deseo y acabo besándole. Solo entonces es cuando nos besamos, y siempre le beso yo.
Nunca él.
Eso a veces me decepciona pero las miradas, los guiños, las palabras, las sonrisas, todo, lo compensa.
A parte de en ese 'juego', no nos besamos nunca. Somos lo que éramos antes, hacemos las mismas cosas, pero ahora... de diferente manera. Con diferentes sentimientos. Sin vergüenza. Sin miedo.

Solo amor.

Único y exclusivamente amor.

Mis padres también me tratan como si fuera un bebé delicado. A veces me desquicia pero los entiendo. Haría lo mismo si mi hija hubiera estando en coma por más de un año. Intento demostrarles que les quiero tanto como ellos a mí. Ayudo en todo lo que puedo, aunque no me dejen hacerlo. Siempre les ayudo, cosa que antes no hacía. Antes pasaba más de ellos, y eso me aterra. Porque no los valoraba y si me hubiera llegado a pasar algo sin que supieran lo importantes que son para mí no sé que hubiera hecho.

Cada mañana Dani me despierta a la misma hora, a las diez. Según él, es la hora perfecta para despertarse. Me tira piedrecitas pequeñas que rebotan con mi ventana haciendo un ruido espantoso que hace que me levante, y como Dani sabe que lo odio, lo hace para que despierte. Pero nunca le hago caso y acaba escalando hasta la ventana de mi cuarto para despertarme o simplemente ya estoy despierta pero no me quiero levantar y me hace cosquillas.
Me encanta despertar así.

Sospecho que mi madre sabe que Dani hace eso cada mañana, porque no nos dice nada cuando salimos Dani y yo juntos de mi habitación. Es más, nos mira y puedo sentir el anhelo y la felicidad en su mirada. Como si le gustara, antes me hubiera regañado si veía bajar algún chico de mi cuarto. Pero con Dani es diferente. Él no es como los demás y eso mi madre lo sabe desde antes de que yo me diese cuenta. Creo que por eso nunca nos dice nada.

Ahora son las nueve y media de la mañana y estoy tan despierta como nunca. Estoy esperando a que las piedrecitas de Dani choquen contra mi ventana para hacerme la dormida y que me haga cosquillas, como todos los días.

Es extraño, cuanto más quieres algo, más tarda en llegar.

Oí sonidos desde debajo de mi ventana. Comprobé la hora. 9:35. Es demasiado temprano para que venga Dani, además, él hubiera tirado las piedrecitas.
Cuando intentaron abrir mi ventana el miedo a lo desconocido invadió cada parte de mi cuerpo e hice lo único que se me ocurrió en ese momento, algo que, contra un asesino, no era la estrategia mejor planeada del mundo. Me giré en mi cama para tener a la pared delante de mí y no asustarme más. Era de día pero la cortina en la ventana que separaba mi cuarto del exterior era opaca y no dejaba ver nada, nada menos sombras. Me adueñé de la manta que abrigaba mis pies y me tapé hasta la frente, como si fuera un escudo que me protegiera de todo mal, cosa que sabía que no haría. Cada vez los ruidos estaban más cerca, provocando gemidos ahogados salir de mi boca. Inmediatamente me maldije y me tapé la boca por si me volvía traicionar. Ganas tremendas me invadieron de mirar el reloj para saber si ya eran las diez, para que Dani me protegiera de aquel que intentaba hallanar mi humilde habitación.

Miré mi muñeca con la esperanza de que tuviera algún reloj en ella. No, no había más que una coleta. Mi mano estaba temblando pero luego me di cuenta de que no solo era mi mano, estaba temblando todo mi cuerpo. ¿No tenía que tomar unas pastillas? Instintivamente me quise dar la vuelta para coger las pastillas que me correspondían de encima de mi mesita de noche pero oí el pestillo de la ventana sonar ruidomante. Cerré los ojos y dejé que pasara lo que tuviera que pasar. Cada vez temblaba más violentamente y sacudía la cama. Grandes gotas de sudor iluminaban mi rostro. ¿En cuánto tiempo me había pasado todo eso? Parecían años. No, siglos.
Pisadas cuidadosas retumbaban en el suelo con cada temblor que yo daba. Apreté los ojos con fuerza y...

-¡¿________?!

Una voz demasiado familiar inundó mis oídos. Por las múltiples sacudidas de mi cuerpo no pude distinguir muy bien de quién se trataba.
Las pisadas eran más fuertes, por lo que supuse que quienquiera que hubiera venido a mi cuarto estaba corriendo hacia mí.y Ya no temblaba por miedo a que me mataran sino a que me matara yo sola. No me había tomado las pastillas.

-¡________! Tranquila, estoy aquí.

La misma dulce voz de antes me acogió en sus brazos y me acarició lentamente en la espalda.

-¿Tus pastillas, pequeña?

Y supe que era Dani.

-N...no... no m... no me...- Me costaba respirar, cada palabra, cada aliento era como un puñal clavándose en mi piel. Muy hondo.

-Vale, no te las has tomado. ______...- Dijo en tono de advertencia pero se calló. Genial, ahora me iba a dar la charla, ¿no ve que me estoy muriendo y me suelta la charla? Me leyó la mente.- Tranquila, ¿vale? Todo está bien.

Susurró en mi oído y me relajé visiblemente pero los temblores y el dolor seguían allí.

-Ya las veo.

Quitó la mano que estaba acariciando mi espalda y me maldije internamente. Volví a temblar más fuerte y Dani se tensó bajo mi cuerpo.

-Ya tengo tus pastillas ¿si? Quieta, _____.

Imposible que me quedara quieta. Poco a poco fue insertando las pastillas en mi boca y me las tragué. Me acercó a su pecho y me abrazó. Susurraba cosas que me calmaban solo si eran dichas por él. El dolor terminó y los temblores se apaciguaron.

Me sentía vacía, llena de dolor y tristreza y sin darme cuenta millones de lágrimas empezaron a cruzar mi rostro. Cuando Dani se dio cuenta me apretó más fuerte contra él, pero no dijo nada.

Sentí que era una carga para todos y que debí haberme muerto. Sentí que no servía para nada sino para estorbar. Sentí cómo me rompía por dentro con cada sentimiento. Sentí mi corazón desgarrarse. Ellos no se merecían el tener que cuidar de mí así. Me estaba rompiendo. Todas y cada una de las lágrimas que derramaba eran de puro dolor y sufrimiento. No merecía existir.
No encajaba en ningún lugar. Tenía que hacer algo, tenía que desahogarme pero no con Dani aquí. No con Dani.
Me dolía el corazón y tenía un gran nudo en mi garganta.
Tenía que hacer algo, tenía que dejar el dolor salir. Tenía que...
Visualicé la cuchilla en mi tocador.

3 jul 2013

Capítulo 36



[Solo él y yo.]


Hacía frío.
Estaba temblando

Todo estaba borroso pero algunas cosas se podían distinguir.
Una luz enorme iluminaba la habitación, por lo que supuse que era de noche.
Me sentía aturdida y mareada. ¿Dónde estoy? Intenté recordar pero solo ne venían cortas imágenes a la cabeza. Zayn Malik. Dani. Nada más.

Intenté moverme, estaba sobre algo blando ¿una cama? Tenía algo cálido cubriéndome, como tela... una manta.
Estaba en una cama, pero no era mi habitación. Las paredes estaban lejos. Algo me impedía girar la cabeza pero sabía que había algo a mi izquierda. No sabía lo que era.

Cuando volví a abrir los ojos había más luz en la habitación. Ya no estaba tan borroso. Ya no estaba esa luz en el centro. No estaba ese algo a la izquierda, ahora estaba a la derecha.
Tenía forma como de persona. ¿Me estaría vigilando? Se movió hacia un lado girando la cabeza, ¿hacia dónde miraba? Cerré los ojos un poco y los abrí lentamente, me dolían, al igual que la cabeza. Pero no quería dormir.

Quienquiera que fuese se acercó más a mí.

-¿Dani?

Dije casi en un susurro. Era él. Abrió los ojos y, incluso borroso como le veía, esos ojos verdes nunca pasaban desapercibidos.

-¿_____? ¿Estás despierta? -Se acercó corriendo a la cama y puso su mano en mi mejilla lentamente, como si me fuera a romper. -¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¡Te he echado de menos! ¿Cómo estás?

Atropellaba las palabras y no pude hacer más que reírme en un susurro. Mala idea. Empecé a toser, me dolió, vaya si me dolió.
Se alejó un poco, con miedo.

-¿Te hice daño? Oh, lo siento, yo-- Le interrumpí.

-No, tranquilo. No me has hecho daño.

-Te he echado tanto de menos... - susurró.

Le atraje hacia mí y él pareció notar que quería tenerlo cerca. Sonrió y se acercó más, mucho más a mí. Miró a mis ojos y a mis labios repetidas veces y su respiración se agitó notablemente. Yo estaba igual. Sus labios eran el mejor plato que pudiera probar en ese momento.
Nuestros labios se rozaron y la electricidad recorrió cada parte de mi cuerpo.

Cada parte.

Mi mano se colocó alrededor de su cuello, atrayéndolo. Tiré de las puntas de su pelo provocando que Dani echara la cabeza hacia atrás y ronroneara. Los vellos de mi brazo se erizaron al oír ese sonido tan sexy venir de su garganta.
Cuando nuestros labios se volvieron a rozar, en mis labios, Dani habló.

-_____,... no sé si deberíamos...

Le besé. Al principio vaciló pero no dudó al corresponderme. No me acordaba de lo bien sabía Dani. Sonreí en medio del beso, también sonrió y le volví a besar. Un beso que decía todo lo que sentíamos, todo lo que las palabras no sabía expresar.
Subí mi mano a su sedoso pelo negro, acariciándolo y él bajó su mano hasta mi cintura, dibujando pequeños circulitos en esta.

Oímos un garraspeo y nos separamos bruscamente. Mis padres estaban en la puerta, mi madre con una sonrisa y mi padre un poco serio. ¡Qué vergüenza!

-¡____!-Chilló mi madre y vino corriendo a abrazarme con lágrimas en los ojos. - ¡Te hemos echado mucho de menos! Mi niña...

-Veo que Dani ya te ha recibido bien.- Dijo mi padre con una media sonrisa. Yo me reí y miré a Dani que me miraba rojísimo, lo que me hizo reír más. Mi madre también reía.

-Déjalos, que están en la edad.

Sonreí, ya había parado de reír como una loca.

Mis ojos me dolían amenanzando con empezar a llorar, mis padres... les echaba de menos. Pero Dani, sobre todo a Dani. Parecía que hacía años que no le veía.

Al cabo de un rato una chica rubia con bata blanca vino a mi habitación y sonrió al verme. ¿Una enfermera? ¿Estaba en un hospital?

-¿Qué tal te encuentras, ______?

¿Qué hacía en un hospital? Todo lo que me venía a la cabeza era borroso, todo era muy confuso.

-No sé. - Dije mientras negaba con la cabeza. Dani y mis padres se fueron a la sala de esperas, no estaban allí y ahora estaba más confundida que nunca, ahora me asaltaban todas las dudas. No recordaba nada. - No sé qué hago aquí.

La enfermera me sonrió y apuntó unas cosas en su cuardeno.

-Ahora vengo.

Se despidió y me quedé sola. Más tiempo para pensar e intentar recordar. Cerré los ojos con la esperanza de que algún recuerdo viniera. Nada.

La puerta se abrió y por ella pasó la misma enfermera de antes y un señor canoso de ojos azules que supuse que era el médico que me iba a revisar.

-Hola, _____. Soy el Dr. Martin y ella es Sandra.-Se refería a la enfermera rubia.- Te vamos a hacer ahora unas pruebas para ver qué tal vas y después unas preguntas.

Asentí y el Dr. Martin abrió un maletín del que no me había percatado de que traía. Sacó una pequeña lucecita, me la puso delante de los ojos y me pidió que mirara hacia los lados. Todo bien.
Siguió haciendo pruebas por el estilo y habló cuando la enfermera salió de la habitación por algo que le dijo el doctor.

-Se nota que tu novio te quiere mucho.

Noté como mis mejillas ardían.

-¿Qué nov...Dani? Oh, no. Él no es mi novio.

Me miró sorprendido, ¿nos vio besándonos? Mis mejillas en ese momento seguro que estarían totalmente roja. El Dr. Martin me sonrió con complicidad

-Pues desde el accidente venía a verte todos los días, pensé que era porque eras su novia. No había día que faltara ese chico, es muy testarudo, los primeros días insistía en quedarse a dormir.

Venía a verme... ¿todos los días? Una pequeña lágrima bajó por mi mejilla sin darme cuenta. Rápidamente me la quité y el doctor sonrió con amabilidad. ¿Todos los días? ¿Durante cuánto tiempo?

-¿Cuánto tiempo llevo... uhm...

-Dieciocho meses.

Dijo y sentí como mi corazón se paraba. ¿Dieciocho meses? Eso era... ¡Un año y medio!
¿Había venido a verme todos los días?
Estaba en completo shock.

El doctor me dijo que estaba bien y que iba a hablar con mis padres y se fue.

Todos los días. Dios, ¿había malgastado más de un año en mí? ¿En venir a verme?

Sentí mariposas construirse poco a poco en mi estómago hasta hacer un nudo en mi garganta. Las lágrimas no paraban de empapar mis mejillas, estaban llenas de amor. De todo lo que sentía por este chico.
Era demasiado, él era demasiado... perfecto.
No le merecía, él era todo lo que cualquier chica querría tener.
Mi amor por él seguía creciendo, como las mariposas en mi estómago. Me estaban comiendo viva y pronto explotaría de alegría.

Dani no había venido a ver a cualquier chica. Me había venido a ver a mí. Siempre cuidando de mí, siempre haciéndome reír para que estuviera feliz sin importarle cómo estuviera él.

Definitivamente le quería.
Y le quería para mí.

La puerta se abrió dejando pasar justamente a la persona que más quería ver en ese momento. Corrí hacia él, sin importarme todo esos cables que me unían a máquinas, ni que estuviera prácticamente una bata y poco más.

Cuando estaba a centímetros de su perfecto rostro le miré a los ojos. Respiraba pesadamente, al iguala que yo. Esos ojos verdes esmeralda estaban en shock al ver la locura que acababa de hacer, pero no me importaba. No me importaba nada.

Solo él y yo.

-Te amo.

Susurré antes de darle el beso que ansiaba darle desde dieciocho meses atrás.

El beso que cambiaría todo a partir de ahora.

Estaba temblando, pero esta vez no era de frío.
Sus brazos descansaron alrededor de mi cuerpo posándose en mis caderas, desde luego todo el frío se había evaporado.