1 sept 2013

Capítulo 39



[Una tortura maravillosa.]





Las lágrimas no tienen por qué ser de tristeza. Pueden ser de rabia, impotencia, pena...
Las mías eran de felicidad.
Dicen que las lágrimas son sentimientos transformados en agua. También dicen que las lágrimas ayudan a desahogarse, en eso les doy la razón. Porque la tienen. ¿Por qué lloramos? ¿Para qué sirve llorar?

Para nada.

Pero lloramos igualmente, como lo hacía yo en ese momento. Acostada en mi cama, las lágrimas aterrizaban en mi almohada mientras yo abrazaba la carta de Dani contra mi pecho.
Y es que Dani era todo lo que cualquier persona quisiera tener en su vida. Era todo lo que alguien pudiese necesitar y era todo lo que yo necesitaba. Y, siendo tan perfecto como él era, ¿por qué eligió a una del montón para querer? ¿por qué yo?
No sirvo para más que darle problemas, que parece que a él le gusta solucionar.
No sé lo que ve en mí, pero me alegro de que lo vea. Sea lo que sea, me alegro de que le guste, porque desde luego, a mí me gusta cada célula de él.
Y es que, he estado pensando. Con todo lo que ha hecho por mí, ¿qué he hecho yo por él?
Nada.
Y eso me rompe profundamente. Porque quiero estar a su altura, quiero ser todo lo que él necesite, pero sé que no lo soy. Y tengo miedo. Miedo de que él se dé cuenta de esto y me deje. Y no quiero que me deje. Soy egoísta, lo sé, pero lo quiero todo para mí. Es algo que no puedo remediar.
Si antes había algún trocito de mi corazón que él no ocupara, ya lo llenó. No creo que amarlo más sea posible. Lo amo tanto que creo que voy a explotar. Literalmente, explotar. Saldrán corazoncitos de dentro de mí cuando lo haga.
Que tonta soy, por dios. Me estoy imaginando a mí misma explotando. He llegado muy lejos.

Me limpié las lágrimas y sonreí. Dani es mío. Me quiere y yo le quiero.
Me ama y yo le amo.

Me levanté y coloqué suavemente la carta al lado de mi cama, para así leerla cada día y enamorarme más de Dani, si puedo.
Sonreí aún más al colocarla, queda muy bien. Le gustará cuando la vea. Mariposas vuelan en mi estómago. Si la ve, es que va a venir. Y si va a venir, es que lo voy a ver... ¿Qué? ¿Desde cuándo me pongo así? Dani siempre viene.
Más mariposas.
Buff.
Me quedé mirando la carta. La leí. Otra vez.
Parece que no me iba a cansar nunca de hacerlo.

-¡Cariño, tu papá y yo vamos a una cena de trabajo! ¿Quieres venir? - Gritó mi madre desde abajo.

-¡No, prefiero quedarme aquí! - Le respondí, también gritando.

-¡Ten cuidado! Ya sabes, cierras la puerta con llave, asegura las ventanas, aléjate del balcón, guárdate un cuchillo en el pantalón y no dejes que te pongan droga en la bebida ¿entendido?- Gritó mi padre esta vez. Rodé los ojos. Estaba todo el día bromeando, pero yo sabía que algunas cosas las decía de verdad.

-¡Sí, papá!

Me asomé a las escaleras para verlos mejor, y no tener que estar gritando para darles a mis vecinos una información relevante.

Cuando se iban a ir, mi madre se dio la vuelta.

-Ah, y ¿_____?

-¿Hmm?

-Llama a Dani, no te quiero sola por la noche.- Sonreí. Esa era una prueba de la confianza que tenía mi madre en Dani.

-Lo haré, te quiero.

-¡Te quiero, pringui! - Gritó mi padre desde afuera. Esta vez, mi madre fue la que rodó los ojos.

-Yo también te quiero, cielo.- Dijo antes de dejarme completamente sola.

Bajé las escaleras de dos en dos y alcancé el móvil de encima del sofá.

Para: Dani
¡Ven a mi casa, es urgente!

Tiré el móvil al sofá de nuevo y encendí la tele. Bob Esponja. Me encanta.
Me quedé viéndolo unos minutos hasta que noté unas manos envolver mi cuello y grité.

-Tranquila, pequeña mentirosilla.

Me di la vuelta, aliviada de ver a Dani y me abalancé en sus brazos, dándole un beso en la mejilla. No le iba a preguntar cómo había entrado porque ya lo sabía. Ventana. El sol del atardecer se filtraba por la ventana dando de lleno en los ojos de Dani, haciéndolos todavía más bonitos de lo que ya eran.

-Hola, feo.

-Hola, preciosa.- Miró la tele y luego volvió a mis ojos. -Con que Bob Esponja, ¿eh?

-Sipi, es el mejor.

Me senté en una esquinita del sofá, mientras que él lo rodeaba para ponerse justo a mi lado. Llevaba puesto un gorro de lana gris que le hacía verse aún más sexy, con ese toque rebelde que solo él sabía darle. Una camisa blanca con las palabras 'Let me be the last one' cubría su cuerpo junto con unos pantalones negros rasgados y unas supras grises adornaban sus pies. Solo había una palabra para definirlo; Sexy.
Malditamente sexy.

-Ooh, ¿puedo quitarlo? No me gusta nada esto.- En un abrir y cerrar de ojos me quitó el mando de la tele de las manos. Yo abrí mis ojos sorprendida, eso había sido muy rápido.

-¡Eres un abusador de chicas indefensas!- Rió y no pude evitar reírme con él. Su risa era maravillosa.

-Eso no es verdad, yo solo abuso de chicas con pijama de vaquitas. - Reí todavía más e intenté quitarle el mando.

-¡Deme eso, señor! - Grité agitando mis manos en dirección al mando.

-¡Ni en sueños, señorita! - Reí mucho, muchísimo más fuerte cuando a Dani se le ocurrió la brillante idea de hacerme cosquillas, pero conseguí escaparme antes de que me asfixiara.

-Dani, aleja esa mano inquieta de mí.- Puse mis dedos juntos en cruz formando una equis como si fuera un escudo. Dani rió.

-Oh, ¿te refieres a esta? - Enseñó su mano derecha y de repente, se levantó del sofá como un relámpago.

Chillé y reí lo más fuerte que pude mientras huía de él. Rodeaba todos los objetos que veía para despistar a Dani, que iba detrás de mí. Yo sabía que él no me había atrapado para dejarme ventaja, él era muchísimo más rápido que una pequeña chica con un pijama de vaquitas.

-Te atraparé.

-No, no lo harás.

-Oh sí, lo haré.

-Mentira.

-¿Quieres que te lo demuestre?

-No, gracias. - Rió.

-De nada.

Seguí corriendo hasta que noté unos brazos atraparme en un abrazo de oso y reí como una loca. Era como una de esas risas histéricas.

-Te atrapé.

-Toma, un premio. - Me di la vuelta y empecé a hacerle cosquillas. Él sonrió triunfante.- Oh mierda, ¿cómo es que no tienes cosquillas? ¡Todo el mundo tiene cosquillas!

-Con que las tengas tú me basta.- Me cogió de la cintura y me tiró al sofá lentamente que, de casualidad, estaba justo detrás de mí. Me empezó a hacer cosquillas y reí como una loca mientras mis piernas pataleaban al aire y mis manos intentaban coger sus manos para pararlo. En un acto reflejo, conseguí cogerle las dos manos antes de que atacaran mi estómago adolorido de tanto reír y me miró a los ojos.

Mi estómago dejó de doler. Dejé de reír. Mis piernas dejaron de pegarle patadas al aire y dejé de respirar por unos segundos. Dani estaba sobre mí y me miraba hipnotizado, como si se hubiera helado. La luz amarillenta que proyectaba la ventana caía directamente en nosotros, haciendo de este momento un sueño. Casi no parecía real. Lo único que me traía de vuelta a la realidad fue la mano de Dani levantando un poco mi camisón de vaquitas y puso su mano en mi cadera. Subiendo y acariciando cada centímetro, luego, volvía a bajar, lentamente. Era una tortura maravillosa. Sus manos eran mágicas sobre mi piel.
Se fue acercando a mi rostro tan lentamente, que era como si no se acercara, pero para mí era un espectátuculo cada movimiento que él realizara. En vez de a mis labios, fue a mi garganta. Cerré los ojos e incliné mi cabeza hacia atrás para darle más acceso. Lamía y mordía cada centímetro de mi cuello, explorándome tan delicadamente que dolía. Trazó la línea de mi mandíbula con la boca. Besó mi rostro completamente evitando mi boca. Lo cual era frustrante para mí, visitaba todas partes menos en la que quería para darle la bienvenida. No voy a negar que esos besos me hicieron estar tan impaciente que creía que iba a lanzarme a él si paraba, pero no estaba donde más ansiaba tenerlo.
Hasta que rozó mis labios.
Fuegos artificiales volaban en mi interior e instintivamente una de mis manos se posó en su mejilla mientras que la otra acariciaba su pelo. Gemí cuando sus dientes mordieron mi labio inferior, hambrientos. Como yo.
Era tan delicado y tan suave, creí que estaba besando caramelo. Porque eso es lo que eran sus labios, un dulce. Un manjar. Un banquete.
No pensé en nada más que su cuerpo apoyado sobre el mío, sus manos mágicas y su boca milagrosa.

De repente(y por desgracia), el timbre de la casa sonó varias veces, muchas, como si lo estuvieran aporreando con los puños.

Dani se separó abruptamente y me miró asustado, frustrado, enfadado, deseoso y caliente. Todo mezclado en sus iris verdes. Realmente odié a aquel que tocó el timbre como un loco.
Se levantó de mi cuerpo tan de repente que el frío y la soledad me golpearon fuertemente.

Yo miré al frente al notar que la luz amarillenta que se filtraba en las ventanas no era otra que fuego.

Capítulo 38



[Seré todo lo que quieras que sea con tal de verte feliz.]





Dani me miró a los ojos, preocupado. Pidiendo respuestas que yo no le daría.

-_____, ¿qué mirabas? - Miré al suelo, la vergüenza de que me descubriera brotaba en forma de sonrojo. - Mírame, _____.

Seguí mirando al suelo negándome a mostrarle mis emociones como solo con Dani podía hacerlo. No lo haría. No podía.

-Por favor.

Su súplica me hizo débil, le miré. Me perdí. Me perdí en el verde bosque de sus ojos.

-Dime que no has hecho ninguna locura. - Al ver que no dije nada, Dani se tensó. De mis ojos empezaron a salir pequeñas lágrimas. Muy pequeñas, pero Dani podía verlas. Siempre las veía. Me atrajo a su cálido cuerpo en un abrazo muy reconfortante y acarició mi espalda moviendo su mano de arriba a abajo.- Mierda. ____, estoy aquí. Sabes que estoy aquí y siempre estaré aquí. No llores, pequeña.

Asentí mientras él colocaba sus grandes manos en mis mejillas para retirar mis lágrimas con su dedo pulgar. Sus manos se quedaron en mis mejillas obligándome a mirarlo a los ojos.

-Te quiero. Lo sabes ¿verdad? ¿Sabes cuánto te quiero?

Sonreí y negué con la cabeza lentamente. Sus manos seguían en mis mejillas impidiéndome pensar en nada más que en lo cálidas que eran y las cosquillas que dejaban bajo mi piel y en mi estómago. Olía tan bien.

-Te quiero muchos muchos. ¿Sabes lo que son muchos muchos? Son tantos, como de aquí a la galaxia más lejana y de vuelta a aquí. -Reí. - Tres veces.

-Yo diez veces.- Hizo una mueca y empezó a jugar con mi pelo.

-Yo once

-Veinte.

-Eso es mucho, ¿no te arrepientes? - Negué con la cabeza. Él sonrió. - Cien.

Dejé escapar una sonora carcajada.

-¡Estás loco!

-Loco por ti.

-Y por eso te quiero tanto. - Choqué mis labios con los suyos en un beso rápido. Cuando me iba a alejar puso su mano en mi nuca y me atrajo otra vez. Yo reí en sus labios y él aprovechó para profundizar el beso. En un jadeo, metió su lengua en mi boca tan fugazmente que gemí. Coloqué mis brazos alrededor de su cuello y jugué con las puntas de su cabello negro, suave y sedoso.

Poco a poco, Dani fue atrayéndome hasta dejarme encima de su regazo con sus manos en mi espalda baja. Sentí algo que no había sentido nunca, un calor extraño recorría mi cuerpo. Un calor que se sentía extrañamente bien y frustrante al mismo tiempo. Pidiéndome... más.

Dani se apartó tan fuertemente que me hizo jadear de decepción. Los dos respirábamos entrecortadamente.

-Créeme, si no paraba ahora, no hubiera parado nunca. - Su voz sonaba grave y condenadamente sexy. Acerqué mis labios en un último y rápido beso cuando oí a alguien toser. Rápidamente me separé de Dani para ver a mi madre en la puerta.

-Hmm, subí antes pero estaban hmm... ocupados. Estaban tardando, así que decidí venir. Siento interrumpir. - Miré a Dani y ahogué una carcajada. Estaba totalmente precioso con el sonrojo en sus mejillas y la mirada de incomodidad que tenía colocada. Sabía que él no se atrevería a mirar a mi madre a la cara después de esto.

-Claro, mamá. Ahora bajamos. - Le sonreí, hizo lo mismo y bajó. Dani suspiró.

-¡Qué tímido que eres! - Reí.

-No contigo.- Me guiñó un ojo y me tocó sonrojarme a mí. - Bajemos ya, o tu madre pensará que estamos haciendo algo más que un par de besos.

Era la primera vez que decía algo como eso.

Dani rió al ver mi cara completamente roja y me dio un beso en la mejilla mientras cogía mi mano y me llevaba fuera de mi cuarto hacia la cocina.

Mi madre miró nuestras manos entrelazadas y sonrió, lo pude ver. Le preguntó a Dani si se quedaba a desayunar y él se negó. Así que me dio un beso en la mejilla y se quedó ahí más fiempo de lo normal, noté cómo cerraba sus ojos lentamente y dejaba escapar un suspiro que provocó a mi cuerpo estremecerse. Antes de alejarse, susurró.

-Prométeme que no lo harás nunca.

Asentí sabiendo a lo que se refería y se alejó mucho menos tenso de lo que estaba. Me sonrió y se despidió de mamá. Cuando salió por la puerta esperé el usual interrogatorio acerca del beso.
Me preparé una tortilla y me senté en la mesa. No me había dado cuenta de que llevaba puesto mi pijama de vaquitas. Consistía en un diminuto pantalón y un anchísimo camisón blanco cubierto de vacas rojas con los ojos exageradamente grandes. Me encantaba este pijama porque era muy suave, me hacía gracia y sobre todo porque me lo había regalado Dani por mi cumpleaños hacía ya un tiempo.

-¿Y bien?

-¿Y bien qué? - Pinché con el tenedor la tortilla

-¿Besa bien? Bueno, con lo acaramelados que estaban no hace falta que pregunte...

-¡Mamá!

Me tapé la cara con las manos para que mi madre no notara lo roja que estaba. Pues sí, besa bien, pero eso a ella no se lo diría.
No me di cuenta de cuando se puso a mi lado y me quitó las manos de la cara suavemente.

-Cariño, no tienes que avergonzarte de nada. Me alegro de que fuera Dani y no algún ladrón callejero. Dani es muy buen chico... Y muy guapo, también. - Me guiño un ojo al decir lo último. Yo sonreí, porque tenía razón. ¿A quién encontraría mejor que a Dani?- Pero tendrían que tener un poquito más de decencia frente a tu padre. Si llega a ser él el que subiera a tu cuarto...

- Lo sé, mamá. Pero no fue él y, además, no volverá a pasar.

-Vale, pero por si acaso, ya sabes donde queda la farmacia ¿verdad? - me levanté de la silla, avergonzada. Notando como me ponía de todos los colores posibles.

-¡Mamá, por favor!

Me dirijí hacia las escaleras casi corriendo.

-¡Ya tienes edad suficiente para saber todo eso! ¿No te lo han enseñado en clase?

Negué con la cabeza al subir a mi cuarto. Mi madre fomenta que tenga sexo, ¿qué clase de madre tengo? Reí en voz baja. La quería tanto. Sé que ella no diría lo mismo si fuera otro chico. Ella realmente quiere a Dani, casi ha vivido en nuestra casa. Él y su madre. Siempre nos visitan. Aunque hace un tiempo ya que no veía a María. Ella era estupenda.

Cuando me senté en mi cama miré a la silla. Ahí Dani me había comido la boca, prácticamente. Cerré los ojos intentando recordar sus cálidos labios moverse encima de los míos y pensé en cómo sería llegar a algo más. Algo más que un par de besos.
Si besaba bien, eso tendría que ser mejor, ¿verdad? Me tensé. Era raro. Era algo de lo que no estaba acostumbrada para nada. ¿Y si era mala? Miré al frente queriendo alejar eso de mi mente, no es como si fuera a pasar.
Y conseguí dispersarlos al ver una nota encima del tocador. Me levanté y noté que la cuchilla ya no estaba. En cambio, la nota estaba donde estaba la cuchilla.

La cogí y sonreí al ver mi nombre escrito con la letra de Dani.


"Querida ______.

Te he quitado esta cosa afilada de aquí porque, quién sabe, puede que le muerda una araña radioactiva y decida pegarte por la noche.
Recuerda que siempre que quieras pegarle a alguien, yo me ofrezco como saco de boxeo. Seré todo lo que quieras que sea con tal de verte feliz. Pero no te hieras a ti misma, cuando lo haces, no solo te haces daño a ti, _____.

Te quiero, pequeña.

Dani.
"